Siete coronas

Ni uno, ni dos, ni seis. Son siete los títulos que acumuló Guillermo Ortelli en Turismo Carretera, al coronarse en el autódromo «Roberto Mouras» de La Plata.

Salté de la silla. Como hacía rato no lo hacía. Con ese impulso repentino. Ese acto reflejo que libera la tensión contenida y hace explotar la emoción. Como sólo podía hacerlo ese toque entre Matías Rossi y Mariano Werner en plena definición del campeonato, que terminó por otorgarle el campeonato a Guillermo Ortelli.
Emociones varias. Pelea en pista y desconcierto en boxes. Si hasta el propio Rossi festejó con Laureano Campanera con un abrazo mancomunado en el techo del Chevrolet. Hasta que la peor noticia llegó. Fueron unos minutos que parecieron eternos pero que traerían la decepción para un “Misil” que supo marcar la diferencia durante toda la temporada.
Sin embargo, la porfía fue intensa. Primero, mantuvo un duelo con Nacho Savino pero después fue el propio Werner que había avanzado desde la séptima colocación y presionó tanto que en su intento por superarlo pisó con las cuatro gomas el pasto. Un roce bastó para que ambos perdieran el control y las posibilidades de coronarse.
Ese fue el momento de éxtasis. Ese instante donde la sorpresa hizo vibrar y la euforia invadió el cuerpo. Ese grito que se soltó después de 25 vueltas de sufrimiento. No por el triunfo que parecía un trámite para José Manuel Urcera, sino por ese título que sumó el “Rey” de Salto para alcanzar las siete coronas. El festejo fue desmedido sólo ocasionado por esa alternativa que parecía tan lejana pero que finalmente iluminó a Guillermo.
El abrazo con su hijo sintetizó la pasión de un deporte familiar que se vive a flor de piel y que refleja el sacrifico en cada gota de champagne. Ese mismo que Ortelli descorchó luego de recibir la Copa de Oro Río Uruguay Seguros.
Pero también hubo festejo y felicidad en Las Toscas Racing por la primera victoria de José Manuel Urcera, quien dominó de punta a punta en el autódromo de La Plata, relegando al séptuple campeón de TC y a Juan Martín Trucco, quien coronó su año con el mejor regalo para el recordado Ariel Fernández.

 

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