Acordarse de Octavio, es recordarlo con afecto

Se corría la primera Vuelta de Benito Juarez, en el cautivante Nurburgring argentino, como se denominaba a los 32,250 kms del semipermanente de Tandil.

Día elegido aquel domingo 23 de Septiembre de 1984, lindo sol y poco viento en las sierras, asociándose a la recién iniciada estación primaveral.
En el lote de elegidos, revistaba Octavio Suarez con Norberto «Tito» Torre en la butaca derecha de la Dodge N° 9, desde que Pedro eligió la abstención de correr junto a su hermano, dejando una particular nostalgia en los carreteros.
Luego de ganar en La Banda-Santiago del Estero, el «Gordo» Octavio, quería reafirmar un mes inolvidable. Viajaba a más de 240 kms en el «tendido» de la ruta 74, acercándose al cruce de Scarminacci, con Oscar Aventín adelante, y el «Pato» Morresi detrás. El sampedrino fue testigo exclusivo de aquel dramático accidente, vió que la Dodge de Suarez se escapaba de la cinta asfáltica, fugado totalmente de la adherencia. Fue imposible contar las vueltas que dió el descontrolado vehículo. Después lo conocido. La tragedia, los recuerdos, las vivencias, y los sentimientos.
Octavio, siempre aferrado a su bohemia, a su amor por la velocidad y a su pasión por el Turismo Carretera. Salto, Pergamino y Arrecifes, lo vieron triunfador en 1973, Salto 1974 y en La Banda – Santiago del Estero diez años después, marcaron los éxitos del hombre de Banfield. “Quería que mi hijo, me viera ganar una carrera, la ultima vez que lo hice, el contaba solamente un año, Ahora tiene 12, me puedo retirar contento”, explicaba días después de la victoria en la provincia norteña.
Estampa de caudillo, y de hombre fuerte. Manejó con personalidad y tozudez la ACTC, en un momento de serias complicaciones. Así logró recuperar y reverdecer a la folklórica categoría. Nunca cambio su silenciosa personalidad. Ni en las jornadas de abandonos, o en los domingos de podio y laureles.
Humilde, indiscutido, sin lujos, ni pinta. Su voz ronca imprimía respeto, también simpleza. S e fue en una recta, con el acelerador a fondo, en su trazado preferido.
Octavio, no conoció el significado de la palabra especular. Se rindió peleando, como los héroes, como los grandes.

 

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