La huella del tetracampeón

Se subió a un auto de carrera con casi cincuenta años. Corrió en TC del 40, APAC, y tuvo destacadísimas actuaciones en TC 2000 del Atlántico. Hace una década que brilla en el Rally Mar y Sierras, alzándose con cuatro campeonatos y cuatro subcampeonatos. Presentamos la historia de Pablo Cárcano, un apasionado por el deporte motor, que acelera fuerte por los caminos de la región, dejando una huella imborrable en el automovilismo regional.

En el zonal conviven pilotos con pergaminos muy diferentes. La mayoría de ellos han surgido en las divisionales del Karting o en categorías promocionales, a muy corta edad. Otros, lo han hecho en edad avanzada para ‘despuntar el vicio’ o simplemente para ‘darse el gusto’ que antes no pudieron. Claro, generalmente los primeros, son quienes estadísticamente han logrado los mejores resultados.
Este no es el caso de Pablo Cárcano. El hombre, se subió a los autos de carrera, con casi cinco décadas, e inició una carrera prolífica en el automovilismo, llegando a ser tetracampeón de rally y un referente ineludible en el centro-sudeste bonaerense.
Vértigo Motorsport, dialogó con el piloto de Tandil, quien hizo un repaso de su trayectoria. Habló de su amor por el automovilismo, el valor de la familia y los desafíos para el futuro. Una infinidad de anécdotas que compartimos a continuación.

De chico no pudo ser
«A mi me gustó siempre el automovilismo, pero en la época que yo era chico, mi ‘viejo’ lo odiaba. Según él, había visto mucha gente morirse, y no quería saber nada con que yo corra». Pablo recuerda que inclusive alguna vez, trató de concretar el desafío. «Con un amigo habíamos llegado a comprar un karting, pero igual, papá no me dejó correr. Es más, me lo pisó con el auto para que no corriera».
Esas desavenencias, en su juventud, no pudieron mutilar esa pasión. Sólo era cuestión de tiempo.

Una aventura sobre un TC, con susto incluido
El primer contacto con los autos de carrera, fue a principio de los ’90. Cárcano se subió, nada más y nada menos, que a un auto de la máxima categoría nacional. «Corrí como acompañante de Elías Aversi, en una carrera que se disputó en la Base Áerea de Morón. En esa época yo tenía un reparto de carne en Saladillo. Estábamos conectados con un conocido frigorífico, y conseguimos el apoyo económico para que el ‘Turco’ pueda correr. Hicimos los elásticos en ‘Los Polacos’ y armamos un auto que pensábamos que andaba bien. Pero cuando nos metimos en el circuito, nos dimos cuenta que estábamos lejísimos. En carrera, Osvaldo Sasso nos tiró una goma en una chicana, y rompimos el radiador. Ya pasados de temperatura, pasamos por arriba de un talud que había en una chicana. Y era la época que el recuperador de aceite en los autos, estaba atrás, y las medidas de seguridad eran bastante pocas. Mi buzo era un mameluco. La cosa es que Elías se bajó y yo no me podía desprender el cinturón. Empezó a hervir el recuperador de aceite y pensé que me quemaba vivo. Finalmente, el ‘Búho’, que sacaba fotos, me ayudó a salir».

Iniciaba un camino en el zonal
«Siempre tuve ganas de correr. Prácticamente con 50 años, pude empezar a hacerlo». Salvo aquella intervención en el TC, comenzaría para Pablo un camino sin descanso en el automovilismo regional.
«Comencé a correr como acompañante de Martín Staneck. Yo lo conocía porque habíamos ido juntos a la Escuela Salesiana como pupilos. Corrimos dos o tres carreras. Una de ellas, en San Cayetano, se nos rompió el auto. Yo me quise volver antes, y Martín se quedó. En su retorno a Tandil, tuvo un accidente grande. Luego de eso, me dijo que él creía que no iba a correr más, entonces me propuso, que me suba al TC del 40 para hacer algunas carreras».
Así fue como Pablo, con casi cincuenta años, debutaría en la butaca izquierda de un auto de competición. «El desafío lo emprendimos con Pedro Alonso, que se subió como acompañante. Corrimos dos o tres carreras. Una en Tres Arroyos, otra frustrada en Juan N. Fernández, y alguna más». El sueño estaba cumplido para Cárcano, pero lejos de terminar, recién comenzaba un periplo ininterrumpido en el automovilismo.

El tiempo de APAC, y los inicios de Bruno
«Un día nos pusimos a conversar con Pedro (Alonso), para poder comprar un auto. Y después de correr algunas carreras como acompañante del ‘Gallego’ Fernández, fuimos a Santa Teresita a comprar un auto para la categoría APAC. Fuimos a buscar un Falcon blanco, y nos volvimos con un Chevrolet rojo» recuerda.
«Pedrito es un tipo fantástico, y cuando empezamos a correr, ya se notaba que tenía talento. Él yendo de acompañante me decía a mí, lo que hacía el auto y lo que había que cambiarle. Corrimos cuatro o cinco carreras. Y en una carrera de Dos Horas, el corrió como piloto invitado. Recuerdo que yo estaba mirando su Final con Generoso (Trejo), y ahí le gustó como manejaba Pedro».
Pablo Cárcano desarrolló varias temporadas en la categoría. Supo codearse con pilotos de la talla de Edgardo Fernández, Marcelo Fernández, Juan Alberto Bontempo, Julio Palacio, César Donati, Fabián Etchevarne, Claudio Encinas, entre otros.
«Corrí en APAC un buen tiempo, y siempre con la idea de que Bruno, mi hijo, se pueda subir como copiloto. Y así fue. Finalmente me pudo acompañar en la butaca derecha, lo que fue una enorme alegría para mi. Cuando bajaron los acompañantes, todo fue para atrás».
«Luego fuimos a correr al asfalto, corrimos algunas juntos y algunas corrió él. Más adelante, a Bruno se le ocurrió que hagamos una carrera en Rally para despedirnos. Y ese fue el gran punto de partida para todo lo que sería nuestro camino en el Rally».

Acelerando fuerte en el asfalto
Previo al desembarco en el Rally Mar y Sierras, los ‘Cárcano’ se proyectaron en las Categorías del Atlántico.
«En TC 2000 comencé con un Peugeot, que primero me lo hacía Fanchi, y luego Mario Winicki. Hicimos varias carreras. Luego de dos años, compramos la Sierra con la que Hernán Grotti había sido campeón. Con el ‘flaco’ Sala armamos un equipo. Anduvimos relativamente bien, por el medio del pelotón. Era una época que el TC 2000 rondaba los 30/35 autos, inclusive algunas veces, corríamos hasta repechaje».
Pablo realizó buenas intervenciones en la competitiva categoría de la Frad. Mar y Sierras. Pero comenta que su cuenta pendiente es haber sumado más halagos en la divisional. «Gané una sóla vez en Dolores, bajo la lluvia. Pero me hubiese gustado ganar otra más».

El Rally, un camino de ida
«Bruno decidió que fuéramos a correr en Rally» dice Cárcano. «La primera vez fue en Gral. Madariaga. Alquilamos un Fiesta y anduvimos muy bien. Terminamos terceros, y eso que nos caímos a una laguna. Tenía mucho encanto por esa época el Rally Mar y Sierras, y ahora también, pero por esos tiempos era especial, muy folclórico. Un ambiente hermoso» comenta Pablo con cierta nostalgia, quien se entusiasmó con el cometido. «Nos pusimos en contacto con Iván (Isidro), y arrancamos corriendo sobre un Ford Ka. Nos fue muy bien con ese auto, y después nos fueron subiendo de categoría. Pasamos al Seat y ganamos el primer campeonato».
La familia Cárcano comenzaba a forjar un lugar de peso en el Rally, y Pablo sería por aquella época el piloto a batir en la divisional N3. «Luego del Seat, llegó el proyecto del Peugeot 307. Con ese auto, ganamos dos campeonatos más».
«El campeonato con el Seat y el primero con el Peugeot, Bruno era mi copiloto» señaló el tandilense. «Ya el segundo campeonato que logramos con el 307, lo hicimos con un muchacho de Gral. Madariaga. Fueron los años 11, 12 y 13. Cuando el Peugeot se vendió, volvimos al Seat, y salimos subcampeones».

El proyecto del Gol GTI, y el tiempo de la divisional Junior
Con un palmares destacado, Cárcano continuó emprendiendo desafíos en el Rally. «Nos ilusionamos mucho con el proyecto del Gol GTI, que era brasilero. Motor seat, muy buen auto. Con esa unidad ganamos el cuarto campeonato. Parece un auto de calle, pero es un gran auto de carrera. Está muy bien relacionado y tiene mucha más potencia que todos los autos de la categoría.»
Pablo corrió dos años con el Gol y luego apostó más fuerte. «Pasamos al Junior, con un Palio. Corrimos un año, y al año siguiente con un Clío, también en Junior. Fue muy bueno».
Repasando todo su historial, Cárcano recuerda: «En definitiva, pudimos alzarnos con cuatro campeonatos y cuatro subcampeonatos. Y en el medio de eso, pudimos lograr que Bruno se subiera, y también tenga muy buenos resultados. Salió campeón en dos oportunidades y en diferentes categorías (N1 y A Light)».

Otro Cárcano en acción
Ya con Bruno consagrado en las divisionales del Rally, era el turno de Enzo. «El último campeonato con el Gol, lo corrí con mi otro hijo, Enzo. De automovilismo no entiende nada, no le gusta mucho. Es Doctor en Letras. Pero es muy compañero y pasamos hermosos momentos. Un día me dijo, si hay que ir de navegante, yo voy, habrá que aprender. Aprendió. Es una cubetera arriba del auto, podés estar volcando, que el no siente nada. Una vez, nos pegamos un palo fuerte en Ranchos, y se bajó lo más bien. Yo pensé que se había golpeado, se torció la butaca, pero ningún problema. Resultó ser el acompañante ideal».

El futuro
«Estamos con el proyecto del Nissan March. Ahora lo mandamos a Concepción, para hacer una jaula distinta, que es la que te aprueban para correr el Mundial o el Sudamericano. El auto está prácticamente terminado. Es un auto que encaramos con Iván, para correr con Bruno, y que él después siga en ese auto».
«Yo quiero correr uno o dos años más, pero como quiero seguir vinculado al automovilismo, me gustaría subirme como navegante de Bruno. Lo hice dos o tres veces, y me fue bien. Pero quisiera tener todos los elementos como para poder cantar bien la hoja de ruta»
«Vamos a ver como nos va con este auto nuevo. Sería para la N2 nueva, es un auto de 16 válvulas, que compite con el Fiesta Kinetic, el Clío, el 206… Es una apuesta a futuro. Con esto que viene pasando no creo que corramos hasta el año que viene».

Anécdotas para coleccionar
Veinte años de automovilismo, diez de ellos en el Rally Regional, son una reserva indescriptible de momentos únicos para Cárcano. El tandilense compartió algunos de ellos con www.vertigomotorsport.com
La inexperiencia y una mala jugada: «Cuando empezamos a correr con el Ford Ka, con Iván Isidro, fuimos a un Rally en Necochea. Teníamos mucho miedo de romper el auto, porque el Ka es muy ‘incordioso’ de cola, y todo lo que nos pasó fue romper la goma de atrás. Perdimos siete minutos en cambiar la goma, y no nos dimos cuenta de mirar la hoja, ya que estábamos a sólo tres curvas de la llegada. Una cosa totalmente de principiante. Después enojados, aceleramos con todo, y pudimos ganar el primer del Río Quequén».
Vuelco x 2: «En una carrera de Gral. Belgrano, corríamos Bruno con un auto y yo con otro. A poco de largar, con los frenos fríos, Bruno volcó. Abolló bastante el auto, pero pudieron continuar. Terminaron la carrera, mal pero la terminaron. Y era como que se había desilusionado, no le había gustado de la forma ‘inocente’ que volcó. A la semana siguiente se corría en Las Heras una fecha del Rally Federal. Entonces le propuse ir con el auto volcado a correr ahí. Él manejando y yo como navegante. Fuimos, y veníamos bastante bien. Pero en una curva que uno se había ido para adentro, y había llenado de barro el camino, nos dimos vuelta y volvimos a volcar. Otra vez. Con una semana de diferencia, dos vuelcos».
Final feliz: Una vez, en Gral. Madariaga, estábamos corriendo con el 307 que era bastante experimental, y se nos rompió el soporte del amortiguador trasero. Y en un circuito como ese, sin amortiguador trasero en un auto como el 307 que revolea bastante la cola, es peligrosísimo. La cosa es que terminamos el primer prime, y nos llama por teléfono Iván (Isidro). Él nos instruyó por teléfono como trabar el otro amortiguador y el que se rompió, para que quede fijo atrás. Lo hicimos, y pudimos ganar la carrera al final del día».
Sin margen de error: «En el 2016, en las primeras carreras nos fue mal, corríamos con el Gol GTI. Ya era como que habíamos perdido todo. Ahí fue cuando subió Enzo de navegante, y con él sacamos la cuenta, de que teníamos que ganar las cinco carreras que quedaban. Si quien venía liderando el certamen hasta ahí, salía segundo en todas, nosotros quedábamos arriba por tres puntos. La primera de esas cinco, que teníamos que ganar, se disputaba en Azul. Íbamos primeros hasta el último prime largo, pero se nos rompió un tapón de la calefacción, que no sabíamos que era porque no conocíamos bien el auto. Cuestión que para largar ese tramo, le echamos toda el agua que tenía la gente, y que llevaban los compañeros para ir tomando arriba del auto. Largamos igual. Era de 25 kilómetros el prime. Veníamos ganando. El auto no calentaba, hasta que llegamos, y ahí cuando faltaba el tramo de enlace, empezó a calentar. Creo que hasta pasamos un semáforo en rojo para poder llegar, porque si no marcábamos tarjeta en el parque cerrado, penalizábamos y perdíamos la carrera. Cortamos clavos, pero llegamos y ganamos. Fue la primera de cinco».

El valor de la familia
Impulsado por su esposa Mirta y apoyado por sus hijos, Pablo Cárcano pudo hacer realidad sus anhelos. El piloto serrano se considera un ‘privilegiado’ de poder compartir la pasión con su familia.
«Compartir el automovilismo con mis hijos es más de lo que me había imaginado. Lograr satisfacciones deportivas junto a ellos, es indescriptible, motiva muchísimo. No somos de festejar mucho. Pero nos miramos y sabemos que no olvidaremos nunca lo que pasamos juntos. Seguiremos buscando más desafíos porque sabemos que no es el final, es sólo el camino. En cuanto a mi esposa, fue ella la que quiso que empezara a correr para cumplir con esa materia pendiente. Creo que nunca se imaginó lo que vino después. Jamás hizo un problema por esto, todo lo contrario, fue un apoyo único».
Más allá de las diferencias en cuanto a la competición, Cárcano guarda en su corazón el recuerdo de su padre. «Mi papa falleció en la época en la que competía en APAC. Pensaba que estaba loco. Un grande Don Pablo, fiel a sus convicciones».

Con su humildad característica, Pablo Cárcano ha sabido ganarse el afecto y el respeto de sus pares. Un talentoso del automovilismo zonal, que ha marcado una huella en la región, y que continúa dando batalla en las divisionales del Rally.

 

(Fotos: Bellido, Baretta, Trebini, Rivero, Villaverde, Naredo)

 

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