Lobería y un doble sueño cumplido

Por Luis Orlando Sanchez.

Treinta y siete años atrás, el 18 de Septiembre de 1983, luego de muchos sueños, ilusiones y una loable entrega, Lobería tuvo su primer acto del Turismo Carretera. El desafío se llevó a cabo en el cautivante semipermanente de Tandil, y como si fuera poco, la victoria quedaba para Oscar «Pincho» Castellano.
El legendario Club Atlético Independiente que había cumplido el 60° Aniversario, organizaba una de las fechas de la folklórica categoría. Un orgullo para la ciudad y para la histórica entidad fundada en 1923 por un grupo de jóvenes, bajo la presidencia de Pedro Zóccola. En un mes especial, la fiesta fue completa, porque el triunfo ese día quedaba en casa, en el pueblo, el “Pincho” Castellano no dejó que nadie le arrebate la inolvidable jornada de gloria.

La ciudad se preparaba a lo grande
Varios meses de preparativos, reuniones y esfuerzos para que Lobería pudiera cristalizar el largo sueño de tener su primera edición del TC en el circuito semipermanente de Tandil.
Laboriosos dirigentes se pusieron la carrera al hombro y desde Rivadavia e Italia, sede de los diablos rojos loberenses y bunker de la competencia, se canalizaba la previa de los carreteros, con el “Vasco” Héctor Maritchelar a la cabeza, Carlos Bustos, Carlos Fernández Ballester, el “Flaco” Balbi, Carlos Sastre, Jesús San Pedro, Néstor Ayub entre otros, junto a Horacio Piccardi, titular del Tandil Auto Club y “Keko” Sgarboza (AMCO).
En días previos, se hizo la clásica “Noche de gala” como en las épocas de oro del TC en la Confitería Zorba, con entrega de distinciones a pilotos, dirigentes y medios que cubrían la competencia.

El anfitrión quería ganar
A pocas horas de la fiesta de la primavera, y en una jornada soleada y agradable, se cumplía el objetivo para la ciudad del sur bonaerense. El “crédito” local y quien se llevaba todas las miradas, Oscar Castellano, y se había enfocado en distintos trabajos y había puesto el mayor esfuerzo para esta cita, fundamentalmente en los frenos que eran prioritarios en el veloz trazado de las sierras. Otros calificados actores habían programado cambios, Emilio Satriano y Traverso, con nuevos elementos de suspensión, este último conocedor de que el circuito no era favorable al Ford, mientras Martínez Boero contaría con nuevos fierros en su motor.

Sábado colorido
Al llegar el sábado previo a la carrera, sin dudas la primera gran noticia era la presencia de Roberto Mouras en el circuito, con auto nuevo y dispuesto a tomar parte de la prueba para defender la punta del torneo.
La gran noticia era la importante movilización de hinchas y simpatizantes de Lobería que desandaban más de cien kilómetros para ver la contundencia del “Pincho” Castellano, quien no sólo no habría de defraudarlos, sino que con un manejo pulido en el siempre difícil circuito serrano, comenzaría a cimentar su carrera de ídolo de la categoría.
Reaparecía el azuleño Oscar “Cacho” Franco luego de doce temporadas , con el Torino de la Autopeña Ciudad de Azul”, Oscar Aventín volvía con un Dodge recuperando el auto que en principio iba a correr Gustavo Degliantoni.
Según consejos de CECA, la ACTC decidió bajar la velocidad máxima de los autos a fin de atender algunos aspectos de seguridad. Para ello, la brida de 26 mm pasaba a ser de 25 mm.

Fiesta en las sierras
Luego de las dos series selectivas que ganaron Castellano y Roberto Mouras, se venía la hora de la verdad, la gran definición en el Nürburgring argentino. La alegría de muchos legendarios dirigentes del Club Independiente tenía su premio. No podían disimular su emoción, aquellos luchadores que cristalizaron una larga ilusión.
La primera fila la integraron Castellano y Martínez Boero, la segunda Mouras y Satriano, la tercera Martínez y Banfi y la cuarta Pellegrini y Occhionero. Traverso, debía hacerlo desde el fondo, y pasar muchos autos en el camino para tener chances.
En los primeros movimientos, Castellano mostraba el potencial robusto que administraba, escoltado por el “Gaucho” de San Carlos de Bolívar, Jorge Martínez Boero con el auto del Quilmes Automóvil Club.
Mouras era tercero por entonces, hasta que, en la tercera vuelta, problemas en un pistón al igual que en La Banda (Santiago del Estero), lo dejó de a pie. Válido el resultado si se considera que su rendimiento físico era muy limitado, debido al intenso dolor que le producía el continuo ida y vuelta del volante en el sinuoso tandilense sobre un brazo lastimado.
Intenso ritmo de la competencia, desertaban promediando la batalla, El hombre de Carmen de Areco, «Juancho» Pellegrini, Occhionero y en la sexta vuelta, abandonaba el “Flaco” Traverso al romperse la correa dentada.
Con los primeros puestos definidos e inamovibles, la lucha estaba centrada por el tercer puesto, entre Satriano y Oscar Aventín.
Adelante no habría más cambios y al final de los ocho circuitos Castellano, a quien el cambio reglamentario pareció no afectarlo, lograba con contundencia su segundo triunfo del año con 16 segundos de luz sobre Martínez Boero, quien pese a no ganar, no sólo era el mejor Ford, sino que además se ponía a tiro de la punta del campeonato. Emilio Satriano le ganaba el tercer puesto al “Puma” Aventín por menos de tres segundos, pero llegaban a casi dos minutos del ganador. Luego lo hacían Octavio y Pedro Suárez, Mariano Calamante y Gustavo Degliantoni que sorprendía en su primera carrera de ruta, ganándole el séptimo lugar por menos de un segundo a Fernando Herraiz. Completaban los top ten, Eduardo Marcos de La Dulce y Carlos Saiz, el piloto de Burzaco.
En esta fecha volvía al TC luego de doce años tras su accidente probando el Berta LR, Oscar “Cacho” Franco y llegaba undécimo con el Torino que anteriormente conducía Ricardo de Arzave. Una fiesta inolvidable para Lobería, que celebró una jornada histórica con su primera edición y el triunfo de uno de sus hijos dilectos, en aquel glorioso domingo del mes de Septiembre de 1983.

 

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